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Mariposas con alas fuertes para acompañar a otras mujeres

Grupo de apoyo de mujeres GAM
hace 1 día
3 min de lectura

Por Lizbeth Luna y Paola Marquez

Cáritas de la Arquidiócesis de Acapulco


Acompañar a otras mujeres requiere una fuerza y voluntad especiales. No se trata únicamente de conocer una metodología o de cumplir una serie de pasos; se trata de haber caminado primero por la propia historia, de mirar con honestidad las heridas, reconocer las fortalezas y descubrir que también en una misma puede nacer una voz capaz de sostener, escuchar y animar a otras.


Por eso, en Cáritas de la Arquidiócesis de Acapulco la certificación de nuevas facilitadoras GAM ha sido vivida como mucho más que un momento formativo. Ha sido un camino de preparación, sanación y esperanza; un proceso en el que cada mujer ha ido fortaleciendo sus alas para poder acompañar, con ternura y responsabilidad, el vuelo de otras mujeres.


Las ahora nuevas facilitadoras llegaron primero como participantes a un grupo de apoyo de mujeres. Ahí encontraron un espacio seguro para hablar, escuchar, llorar, sanar y volver a mirarse con dignidad. Con el tiempo, esa experiencia profunda despertó en ellas un deseo generoso: compartir con otras mujeres el acompañamiento que un día también recibieron.


Ese deseo de servir fue creciendo poco a poco. Cada encuentro, cada ejercicio, cada conversación y cada experiencia de cofacilitación les permitió reconocerse en una nueva etapa de su proceso. Acompañar no significa tener todas las respuestas, sino aprender a estar presentes con respeto, empatía y cuidado. Significa confiar en que cada mujer tiene dentro de sí la posibilidad de transformar su vida cuando encuentra una red que la sostiene.


En este recorrido, las facilitadoras fueron fortaleciendo no solo sus conocimientos, sino también su confianza, su capacidad de escucha y su manera de acompañar desde el corazón y desde la observancia de las 12 estrategias de acompañamiento, estrategias que constituyen la brújula que nos indica cómo apoyar eficazmente, y no solo desde la buena voluntad. La certificación llegó entonces como un reconocimiento a ese camino vivido: a la constancia, el aprendizaje compartido y la decisión de poner la propia experiencia al servicio de otras mujeres.


La imagen de las mariposas acompaña profundamente la experiencia GAM. Nos recuerda que toda transformación necesita tiempo, paciencia y cuidado. Ninguna mariposa puede salir antes de estar lista; sus alas necesitan fortalecerse para emprender el vuelo. Así también sucede con las mujeres que se preparan para facilitar: cada una avanza a su propio ritmo, con su historia, sus aprendizajes y sus descubrimientos.


Por eso, este resultado tiene un valor tan especial: 16 mujeres han sido certificadas como facilitadoras GAM y se suman a una red de 58 facilitadoras activas. Son mujeres que han dicho “sí puedo” y “sí quiero”; mujeres que han fortalecido sus alas y hoy están listas para acompañar a otras en sus propios procesos de sanación, autoestima, reconciliación y esperanza.


Detrás de cada certificación hay una historia personal. Hay mujeres que descubrieron nuevas capacidades, que aprendieron a confiar más en sí mismas, que reconocieron el valor de su voz y que comprendieron que acompañar también es seguir sanando. En sus palabras aparece una certeza común: el GAM no solo enseña una forma de facilitar, también transforma la manera de mirar la vida, de relacionarse con otras mujeres y de construir comunidad.


Rocío, Celeste, Gisela, Karina, Nancy, Berenice, Costeña y Selene son parte de esta historia. Sus testimonios reflejan gratitud, crecimiento y compromiso. Hablan de paz interior, de empatía, de aprendizajes compartidos y de una red de mujeres que escucha, sostiene y anima. Sus voces nos recuerdan que una palabra de aliento, una escucha atenta y una mano tendida pueden abrir caminos donde antes parecía no haber salida.


La certificación, sin embargo, no marca el final del camino. Es una nueva etapa. Las facilitadoras continúan aprendiendo, fortaleciendo sus habilidades y cuidando también su propio proceso personal. Porque el estilo de vida del GAM nos recuerda que acompañar a otras mujeres implica seguir caminando juntas, desde la humildad, la sororidad y el amor por la vida.


Hoy celebramos a estas nuevas facilitadoras y el fruto de un proceso que fortalece la esperanza. Celebramos a las mujeres que se atrevieron a mirarse de nuevo, a crecer, a sanar y a poner sus dones al servicio de otras. Celebramos las alas fuertes que nacen cuando una mujer descubre que no está sola, y que su propia transformación puede convertirse en luz para muchas más.




 
 
 

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